ENERGÍA
Entre el surtidor y la pared
Por Estela Anahí Rodriguez
En abril de 2006 se sanciona en nuestro país la ley nacional 26.093, la que establece que a partir de 2010 obligará a que la nafta y el gasoil contengan en su composición un 5% como mínimo de componentes de origen agropecuarios “ecológicos”. Con el propósito de aminorar los gases efecto invernadero y poner un límite al uso del petróleo, para esto el gasoil debe ser “diluido” con biodiesel y la nafta con etanol.
A los fines de la presente ley, se entiende por biocombustibles al bioetanol, biodiesel y biogás, que se produzcan a partir de materias primas de origen agropecuario, agroindustrial o desechos orgánicos, que cumplan los requisitos de calidad que establezca la autoridad de aplicación.
El biodiesel se obtiene de oleaginosas y el etanol a partir de la fermentación de la celulosa. Las principales materias primas que se utilizan para su producción son: soja, maíz, colza, maní, girasol, caña de azúcar, aceite de palma, eucalipto.
Sin duda es necesario plantear energías alternativas para satisfacer las necesidades crecientes de la sociedad, pero hay que evaluar a costa de qué se produce esa energía alternativa. Es decir, los beneficios y consecuencias con los que cargará la sociedad y el ambiente.
Ryndycz dijo: "Luego de la transformación del aceite en biodiesel, cuando es quemado en los cilindros del motor Diesel, retorna nuevamente a la atmósfera como dióxido de carbono y vapor de agua. Considerando que el ciclo completo involucra transportes, conversión en biodiesel y otros pasos que requieren gastos energéticos, la recuperación de dióxido de carbono no es tan significativa”.
Esta nueva forma de energía nos lleva a tener que aumentar la producción de sus materias primas, implicando la extensión de la agricultura y el monocultivo. Por otro lado, las extensas áreas utilizadas para la agricultura no darán abasto para cubrir la demanda, teniendo que seguir expandiéndose la frontera agrícola hacia sitios marginales e impensados, destruyendo áreas naturales, como los bosques los cuales actúan como sumideros de carbono. Es decir, promovemos un producto que libera menos cantidad de estos gases, lo cual lo hace “más ecológico”, a costa de la extracción de los grandes reservorios de carbono que son los bosques. La FAO estima que 1.600 millones de toneladas, un 25-30% de los gases del efecto invernaderos que van a la atmósfera cada año, provienen de la deforestación.
Cuando se arrasan bosques perdemos servicios ecológicos indispensables, además de retener los gases que causan el efecto invernadero, protegen y fertilizan el suelo, otorgan paisajes únicos, valores culturales y espirituales, regulan el agua superficial y la del subsuelo evitando la erosión del la capa rica en nutrientes, evita inundaciones y colmataciones de zonas bajas, controla la calidad del agua, la diversidad biológica y los hábitats.
La expansión agropecuaria, llegó a áreas marginales que no soportan dichas prácticas. En las últimas décadas, en Argentina, ocasionó los niveles más altos de deforestación, afectando principalmente la región chaqueña, las yungas y el espinal, y sigue expandiéndose esta práctica.
Esto, trae aparejado la expulsión de pequeños productores rurales e indígenas que migran a las grandes urbes, concentrándose en zonas marginales. De esta manera, aumenta la pobreza, la desocupación, el hambre y enfermedades, provocando tensión en la población. Sin dudas, el desarraigo de gente nativa, que ama su forma de vida, demuestra el poco valor que tiene las personas frente a la ambición y el poder de unos pocos.
Otro problema que provocan las extensas áreas destinadas producir energía, es la disminución de otros beneficios indispensables para la población mundial. Se pueden citar como ejemplos la pérdida de zonas dedicadas a producir trigo, arroz, algodón, leche y carne. Como resultado, se disminuye la oferta de alimento, lo que provoca el aumento de los precios, situación que se agravara con el crecimiento de la población.
A nivel económico, las grandes empresas dispondrán de tecnologías que permitan bajar sus costos. En los mercados agrícolas, al existir un margen de comercialización fijo, la eficiencia lograda determinara el resultado económico. En la actualidad puede observarse que dicho margen se esta reduciendo, produciendo la necesidad de volumen de producción y tecnología de punta que bajen gastos. Resultado de esto, será que pequeños productores cederán sus tierras, para que grandes pooles de siembra produzcan la materia prima de estos combustibles. Actualmente, esto esta causando disminución de la demanda de mano de obra, aumento de la inequidad social y el hambre. Digamos que “la eficiencia económica está generando una ineficiencia social”.
En este caso puntual, el uso de la tecnología y la genética parece llevarnos a un retroceso. Por un lado, la creación de maquinarias que disminuye cada vez más la mano de obra necesaria, que lleva al desalojo del área rural. Y por el otro, la creación de híbridos resistentes a condiciones extremas, de humedad y temperatura, permite que se llegue a cultivar en áreas antes impensadas, produciendo en la mayoría de los casos, la degradación del ambiente.
Indudablemente esta producción que es impulsada por el estado nacional nos lleva a tener que replantearnos si lo que se propone es realmente una solución a la problemática actual del país y el mundo o si no afectará aún más al cambio climático y la desigualdad social.
Está cursando el último año de la carrera de "Ingeniería en Recursos Naturales y Medio Ambiente" en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UNLPam.
Ha participado en numerosos congresos y jornadas relacioados con la ecología, los recursos naturales y los biocombustibles.